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jueves, 20 de agosto de 2015

Historia y Leyenda de "La Planchada".



Hoy quiero compartir con todos vosotros una historia, una leyenda que desde el S. XX ha ido pasando de generación en generación, e incluso a día de hoy, en ciertas ocasiones, aún hay quien afirma haber visto o haber sido atendido por “La planchada”, también conocida como “La enfermera Visitante”.

La realidad y la ficción en esta historia, como en tantas otras, parecen mezclarse hasta el extremo de no saber dónde empieza una y termina la otra. Los primeros testigos nos llevan a principios del S.XX, concretamente al Hospital Juárez de la Ciudad de Méjico.
Las primeras versiones de la historia parecen indicar un desengaño amoroso como causa de las apariciones y sucesos. Los que dicen conocer lo que pasó aseguran que todo comienza con la llegada al Hospital de una nueva enfermera, una enfermera que por su forma de ser y apariencia inocente y dulce, pronto se ganó el cariño y la confianza, tanto de sus propios compañeros sanitarios, como de los pacientes que estaban ingresados en el Hospital.
De muy buena presencia y con una imagen impecable, sentía su profesión como una auténtica vocación y forma de vida. En cierta ocasión, todo el personal del hospital fue llamado para presentar al nuevo médico que se incorporaba a la plantilla, pero ella, que se encontraba atendiendo a un paciente, creyó que era mucho más importante continuar con su tarea que acudir a la llamada.
Joaquín, que así es como cuentan que se llamaba el médico, en muy poco tiempo comenzó a crearse su propia fama de orgulloso y engreído. Un día avisaron a Eulalia, una enfermera, para que ayudase al Doctor Joaquín a extraer una bala de una paciente. Se cuenta que la enfermera quedó impactada a primera vista con el médico, Se dice que desde aquel primer encuentro no dejó de hablar de sus ojos, de lo guapo que era y de su elegancia natural. Todos le recomendaron que se olvidase y no se enamorara de él, pues no parecía ser buena gente. Pero ella hizo caso omiso.
Poco tiempo después, la enfermera estaba perdidamente enamorada del doctor, comenzando juntos una relación amorosa, donde ella se entregó por completo a él, mientras que por el contrario, él aprovechaba la más mínima oportunidad para coquetear con cualquiera de las enfermeras y pacientes que se le ponían a su alcance.
Pasaron meses e incluso más de un año, y el Doctor Joaquín le dijo que se casarían. Ella se emocionó mucho y comenzó a ilusionarse con la boda.
Un día, él le pidió que le guardara un traje de etiqueta porque iba a ir a una elegante recepción al día siguiente. Ella accedió, y así al día siguiente él la visitó en su casa, donde se cambió y al terminar conversaron un rato. Eulalia le comentó que había olvidado mencionarle que a la mañana siguiente iba a salir temprano de viaje pues tenía un seminario al norte del país que duraría 15 días.
A la enfermera Eulalia le extrañó un poco que no le hubiera mencionado nada Joaquín acerca del viaje con anterioridad, pero le deseó buen viaje y se despidió del él.
A la semana, ella ya lo extrañaba mucho, y un enfermero del hospital conversó con ella y le confesó que tenía interés de que ella lo acompañara a una fiesta, pero ella le dijo que no podía hacerlo, pues estaba comprometida con el Doctor Joaquín, a lo que él le respondió que cómo iban a estar comprometidos si él se acababa de casar y estaba en su viaje de bodas, además que había renunciado a su trabajo y se iba de la ciudad.
La enfermera Eulalia no pudo evitar sumirse en una profunda depresión por el engaño en el que había sido víctima. Dicen que comenzó a llegar tarde al trabajo, descuidó a algunos enfermos, e incluso hay quienes mencionan que se le llegaron a morir por su desatención.
Pasó el tiempo, y ella cayó en cama por una enfermedad que la llevó más tarde a la tumba, en el mismo hospital donde trabajaba. Después de un tiempo, comenzaron a suceder hechos extraños, como que una mañana un paciente que estaba grave amaneció muy bien, y le dijo a la enfermera:
-Gracias por sus ciudades, la medicina que me dio me mejoró mucho.
Sin embargo, la enfermera no había ido en la madrugada.
En otra ocasión, una paciente también mencionó que una enfermera vestida con ropa muy bien almidonada había ido durante la noche a darle unas pastillas.
Así comenzaron a ser comunes las narraciones de las visitas de la fantasmal enfermera a quien llamaron desde entonces “La Planchada”. El personal del hospital se familiarizó con las apariciones de Eulalia, quien en las noches circulaba por los pasillos, entraba a los cuartos, y nadie duda que hasta haya sido auxiliar en alguna de las de cirugías.
El día de hoy todavía sigue escuchándose de vez en cuando que alguien comenta sobre una visita de la enfermera, con su vestido largo, blanco y perfectamente almidonado y esto no ha sido solo en el Hospital Juárez, sino en otros nosocomios de la Ciudad de México.